Visitar la Basel Minster o Catedral de Basilea

A orillas del Rin se alza la Catedral de Basilea, también conocida como Basel Minster. Este templo, que comenzó a construirse en el siglo IX y no se terminó hasta el XIII, no solo marca el perfil de la ciudad, sino que también narra su historia sin pronunciar una palabra. Sus torres gemelas, de 65 metros, se recortan contra el cielo como si quisieran alcanzarlo y son, sin duda, una parada imprescindible para cualquier viajero que visite Basilea.
Una de las cosas más impresionantes de esta catedral es que la fachada, de arenisca roja, cambia ligeramente de tono según la hora del día, regalando un espectáculo que no necesita filtros. Quien se detiene a mirar con calma descubre esculturas que hablan del pasado, portales que parecen custodiar secretos y vidrieras que atrapan la luz como si esta fuera un mensaje divino. Al verla se tiene la sensación de que todo está pensado, de que todo tiene sentido.
Fundación Beyeler

A las afueras de Basilea, donde el ritmo urbano se diluye, se encuentra la Fundación Beyeler. Más que una galería, este lugar es un punto de encuentro entre el arte moderno y el entorno natural, pensado no solo para mirar, sino para sentir.
Diseñado por el arquitecto Renzo Piano, el edificio parece haber nacido del terreno más que haber sido construido sobre él. Líneas limpias, materiales sobrios y ventanales que dejan pasar la luz sin filtros. Dentro, una colección que reúne nombres que no necesitan presentación: Picasso, Matisse, Van Gogh… obras escogidas con cuidado por Hildy y Ernst Beyeler, no para acumular, sino para compartir. Cada pieza tiene su razón de estar allí, cada sala cuenta una parte de esa pasión tranquila que los fundadores supieron traducir en museo.
Museo de Bellas Artes de Basilea

En pleno corazón de Basilease encuentra uno de esos lugares donde el tiempo se detiene entre lienzos y esculturas: el Museo de Bellas Artes, o Kunstmuseum, como lo conocen los locales. Fundado en 1661, es el museo público más antiguo de Suiza y uno de los más destacados de Europa, tanto por su historia como por la riqueza de su colección.
Aquí, el arte se recorre como si se hojease un libro ilustrado de Europa: desde piezas de la Edad Media hasta creaciones contemporáneas. La colección pone el acento en la pintura europea, y cuenta con obras clave de Hans Holbein el Joven, Van Gogh, Picasso y muchos más. Pero lo interesante es que, junto a estos grandes nombres, también hay lugar para artistas menos conocidos, lo que permite una mirada más amplia y menos previsible del desarrollo artístico a lo largo de los siglos.
Pasear por el Rin

Caminar junto al Rin, en Basilea, es una de esas experiencias que no necesitan demasiado plan. Solo hay que dejarse llevar. El río marca el ritmo y la ciudad, sin prisas, se deja descubrir a cada paso. A ambos lados de sus riberas se extiende un paseo que combina paisaje, historia y vida cotidiana, con un encanto discreto que conquista sin hacer ruido.
Desde la orilla, la Catedral de Basilea asoma entre los árboles, con sus torres elevándose por encima de los tejados como un faro tranquilo. Al otro lado, el casco antiguo se despliega en una paleta de colores cálidos que contrasta con el azul del agua. Es fácil entender por qué tantos artistas han encontrado inspiración en este rincón del mapa.
Casa de Tinguely

A orillas del Rin, en Basilea, hay un museo que no se visita en silencio.La Casa de Tinguely no es un templo de contemplación estática, sino un espacio donde el arte se mueve, suena y sorprende. Está dedicada al artista suizo Jean Tinguely, conocido por sus esculturas cinéticas que mezclan hierro, humor y movimiento, y que parecen salidas de una fábrica un poco loca.
El edificio, obra del arquitecto Mario Botta, ya llama la atención desde fuera. Con sus líneas marcadas y su estructura rotunda, no intenta disimular. Todo lo contrario: se planta junto al río como una declaración de intenciones. Es un lugar que habla de arte contemporáneo desde la fachada hasta el último tornillo de las máquinas de Tinguely.
Ayuntamiento de Basilea o Rathaus

Si hay un edificio en Basilea que no pasa desapercibido, ese es el Rathaus, el ayuntamiento de la ciudad. Pintado de un rojo intenso que parece desafiar el cielo suizo, este edificio renacentista no solo cumple funciones administrativas: es una pieza clave del patrimonio urbano y un punto de referencia en pleno casco antiguo.
Su fachada, decorada con frescos y esculturas, es un libro abierto. Mirarla con calma es descubrir escenas mitológicas, figuras históricas y símbolos del poder cívico que han dado forma a la ciudad. El trabajo en piedra y los detalles pintados no son solo ornamentales: cuentan historias, y ese es parte de su encanto.
Plaza del Mercado

Marktplatz, la Plaza del Mercado de Basilea, es uno de esos lugares donde la ciudad se muestra tal y como es: viva, accesible y cargada de historia. Situada en pleno casco antiguo, esta plaza ha sido, desde la Edad Media, un punto de encuentro, comercio y vida cotidiana. Y lo sigue siendo hoy en día.
A lo largo del día esta la plaza cambia de ritmo. Por la mañana, los mercados locales llenan el espacio con puestos de frutas, verduras, flores y pan recién hecho. Los aromas, el ir y venir de la gente y el sonido de los comerciantes conversando con los clientes crean un ambiente auténtico, sin artificios.
Fuente de Tinguely

En una de las plazas más transitadas de Basilea, el agua no solo fluye: cobra vida. La Fuente de Tinguely, inaugurada en 1977, es una de esas obras que no necesitan presentación. Firmada por el artista suizo Jean Tinguely, convierte un espacio urbano en una escena donde el metal y el agua se mueven con ritmo propio.
Compuesta por un grupo de esculturas mecánicas hechas con hierro oscuro, la fuente no está pensada para quedarse quieta. Los chorros de agua saltan, giran, gotean y se cruzan al compás de motores que parecen tener sentido del humor. Cada elemento tiene su coreografía y, aunque parezca caótica, todo responde al estilo personalísimo de Tinguely, donde el arte no se contempla en silencio, sino que hace ruido, salpica y sorprende.
¡No te la pierdas por nada del mundo!
Puerta Spalentor

En una esquina tranquila del casco antiguo de Basilea, se alza Spalentor, una de las puertas medievales mejor conservadas de Suiza. Construida en el siglo XIV, fue en su día una entrada clave a la ciudad y parte esencial de su sistema defensivo. Hoy, sin embargo, es mucho más que una reliquia del pasado.
Su arquitectura gótica, con arcos apuntados y detalles tallados en piedra, deja claro el nivel de destreza que alcanzaron los artesanos de la época. En su fachada, destacan esculturas de santos y figuras simbólicas que representaban la protección y el control de acceso a la ciudad. Es una de esas construcciones que, aunque han visto pasar siglos, siguen impresionando al primer vistazo.
Puente Mittlere Brucke

El Mittlere Brücke no es solo uno de los puentes más antiguos de Basilea: es una parte esencial de su historia. Construido por primera vez en el siglo XIII, fue durante siglos el único paso fijo sobre el Rin entre el lago de Constanza y el mar del Norte. Y aunque ha sido restaurado varias veces, su espíritu medieval sigue presente en cada piedra.
Con sus arcos robustos y su diseño sobrio, el puente ha visto cambiar la ciudad a lo largo del tiempo, acompañando su crecimiento desde ambos márgenes del Rin. Hoy, conecta el casco antiguo con el barrio de Kleinbasel, y sigue siendo una arteria clave tanto para el tráfico como para quienes pasean a pie o en bici.
Kleinbasel

Al otro lado del Rin, Kleinbasel ofrece una cara distinta de la ciudad a la que ofrece el centro algo más informal, más diversa y, en definitiva, más viva. Este barrio, situado en la ribera norte, ha pasado de ser una zona industrial a convertirse en un centro cultural y creativo que conserva su historia sin dejar de mirar hacia adelante.
Sus calles empedradas, salpicadas de cafés con encanto, galerías independientes y pequeñas tiendas de diseño, invitan a perderse sin rumbo fijo. La arquitectura mezcla edificios de estilo barroco con construcciones más contemporáneas, reflejo de esa evolución constante que define al barrio. Un buen ejemplo de este espíritu es la Casa de la Cultura, un espacio dedicado a exposiciones, conciertos y eventos que reúnen tanto a vecinos como a visitantes.
Jardín Zoológico de Basilea

A pocos minutos del centro de Basilea, se encuentra uno de los lugares más queridos por locales y visitantes: el Jardín Zoológico, conocido familiarmente como Zolli. Abierto en 1874, es el zoológico más antiguo de Suiza y una referencia tanto por su tamaño como por su labor en conservación y educación.
Con más de 6.000 animales de unas 600 especies, Zolli no es solo un espacio para observar fauna: es un entorno pensado para conocerla de cerca y entender su papel en el equilibrio del planeta. Sus 14 hectáreas están organizadas de forma que cada recinto reproduce lo más fielmente posible el hábitat natural de los animales, lo que hace que el recorrido resulte tan agradable como educativo.
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